martes, 27 de noviembre de 2007

Ruido

Jack cogió el único ascensor que subía a la última planta del edificio. La planta 36. Desde allí se veía toda la ciudad, que a esas horas de la mañana comenzaba a despertar. Se oía al fondo el ruido de los coches circular a toda velocidad para llegar a tiempo a trabajar. Las mañanas eran eso, gente con prisa por llegar a punto a trabajar.

Las puertas del ascensor se abrieron y Jack se encaminó hacia la escalera que daba acceso a la terraza del edificio. Abrió la puerta. Una ráfaga de aire frío lo golpeó, y se le metió el aire por debajo de la camiseta. El aire estaba helado. El contraste de la calidez del edificio con la frialdad de la calle le gustaba. Allí en aquella terraza, se encontraban unos cuantos operarios arreglando el cartel luminoso.

Jack cruzó a lo largo de toda esa zona hasta que llegó a la puerta 7. Intentó abrirla y estaba cerrada. Sacó las llaves y entró. La puerta 7 daba acceso a un gran almacén donde se guardaban todos los juguetes rotos que habían sido devueltos durante años. Para Jack, ese lugar era el mas grande que había visto jamás. Nunca había visto unas paredes tan separadas la una de la otra y un techo tan alto.

El almacén estaba lleno de bultos y cajas inmensas. El debía ir a una de las estanterías a coger un paquete de hojas satinadas. Se aproximó a la estantería y se dio cuenta de que no llegaba. Cogió la escalera y subió.

En ese momento, notó una brisa muy caliente que le pasaba rápidamente por detrás. Se giró pero no vio nada. La sangre empezó a fluir intensamente en su cuerpo. Podía escuchar a su corazón. Había notado la presencia de alguien pasar detrás suyo.

Continuo subiendo peldaños de la escalera, cuando escuchó un chasquido. Se volvió. El ruido venía del fondo. Allí debajo de una inmensa montaña tapada por lonas llenas de polvo, se guardaban los juguetes rotos que nadie quería.

Jack se encaminó hacia esa montaña desordenada. Poco a poco. Paso a paso. Podía oír su respiración. Se agachó y levantó la lona. Allí había un muñeco.

Era una especie de payaso que formaba parte de una banda de música, ya que llevaba en las manos un tambor. Llevaba un uniforme rojo con sombrero incluido. Su cara estaba pintada con las formas típicas de los payasos. Sus ojos eran negros como la noche y brillaban como las estrellas. El muñeco estaba mirando a Jack.

Jack no podía dejar de mirar al muñeco. En ese momento volvió a notar la presencia de alguien, de alguien próximo que le miraba. Sintió pena por el muñeco. Lo cogió y se lo puso bajo el brazo....

4 comentarios:

Jesús David dijo...

AAAAhhh por favor sigue con la historia! Jack el destripador y Krusty juntos, nada bueno puede salir jajaja.

Por cierto eres un lince, acabo de cambiar la cabecera y actualizas el link, bravo, muchas gracias. Prometo que es la cabecera definitiva, esta me gusta xD

Un saludo!

El Pelotudo dijo...

Sigue por favor!!!
jajajaj, acojonante!!

No es Jack el destripador, es Jack Sheppard. Está borracho y no sabe hacia donde va...

Esperemos a ver que pasa...

rumbero dijo...

Buen relato Perry!!! Estaremos atentos a ver como continua...

Yo apuesto que el payaso acabará abandonando a Jack en una de esas montañas de juguetes...;)

Tramp dijo...

todos somos Jack.